Algunas noticias para abrir boca, que el mes empieza soleado y con algunos grados menos, lo cual agradezco como no se hacen una idea.
A ver, lo primero es lo primero: murió Imamura Shohei, director de la versión más conocida de La balada de Narayama, ganador de dos Palmas de Oro y autor de dos películas que a mí se me han quedado pegadas a la memoria por una u otra razón, Lluvia negra(1989) y Doctor Akagi(1998). Falleció el martes pasado, de un cáncer de hígado y a los 79 años, en un hospital de Tokio.
Lo segundo, que a Paul Auster le han dado el premio Príncipe de Asturias, cosa que me parece francamente bien. Como ya he dicho alguna vez, con Auster tuve uno de esos arrebatos de descubrimiento que me arrastró a leerlo casi todo de golpe, deslumbrado. El arrebato derivó, no podía ser de otra manera, en empacho a partir de Tombuctú, que ya no leí. Ahora ando a la espera de reconciliarme con él a través de Brooklin Follies, que leeré en breve...
Lo tercero, que tras el fallecimiento de la Jurado nos espera ahora el carrusel inevitable: las flores primero, las vísceras en cuanto que pasen unos días, la carroña a lo largo de los próximos meses. (Yo fui, de siempre, más de la Dúrcal: ese lado ye-yé que me pierde; y lo de la copla tampoco lo trabajo, la verdad... Pero bueno...)
Lo cuarto, que esta noche estará Alejandro Jodorowsky en el nuevo invento de La 2, Carta blanca. Personaje torrencial y fascinante, estoy seguro de que un farsante encantador como él, licenciado en charlatanismo de feria cum laude y en imaginería onírica desbocada, sabrá armar a su alrededor un programa interesante. O, como poco, divertido. (Cosa que, la semana pasada, no supo hacer Elvira Lindo, que se quedó en lo ñoño y no llegó a resultar ni simpática... para mi decepción.)
Lo quinto, que tengo que tender la colada antes de salir para el trabajo, así que les dejo hasta la noche. Un saludo. (Y que tengan buen día...)