Buenos días. El cielo amaneció gris, el viento sopla y la calle está tan silenciosa que los vecinos deben estar escuchándome teclear... Vaya horas, dirán.
El cielo amanece como amanece y yo me desperezo con dos joyas: un Manel aterrador y un Liniers enternecedor. En cualquier caso (en ambos, de hecho), impagable lo de empezar el domingo así, con una sonrisa.
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