miércoles, 6 de junio de 2012

Una cosa no le voy a perdonar nunca a Carlo Fabretti (que, por otra parte, tanto me descubrió y tantas alegrías me dio): que me apartara, en su momento, de Bradbury y de Heinlein. Porque eran de derechas. (Eran otros tiempos: yo tragaba a pies juntillas y ni me acerqué a Crónicas marcianas o a La Luna es un cruel amante... Hoy me arrepiento, porque una cosa es una cosa y seis, media docena... pero, claro, las cosas se aprenden sobre la marcha y con los años...)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

El buenazo de Carlo, en el entonces, iba por la new thing.

Hay que comprenderle.

fnaranjo dijo...

No, si yo le entiendo... pero me jodió un poquito, entonces...