viernes, 31 de diciembre de 2010

estimado doctor Richards:

El año termina, y no quiero dejar pasar la oportunidad de agradecerle la ayuda en la puesta a punto del piso nuevo en el Edificio Baxter. Ya no hay electricidad estática, y las filtraciones desde la Zona Negativa parece que han desaparecido.


Los preparativos van ya muy avanzados, si bien todavía no ha empezado la mudanza en sí misma. Probablemente será larga y lenta, como son las cosas en mi casa, pero no creo que pase más de una semana antes de que definitivamente nos traslademos allí... otra cosa, ya digo, será el traslado de la biblioteca. Paciencia. Verá que, sin que nadie acabe de darse cuenta, en un tiempo parecerá que llevamos allí toda la vida, como una invasión silenciosa. (En el sentido menos tóxico del concepto, claro: no deje que Ben malinterprete mis palabras.)

La perspectiva del cambio no deja de ser excitante, ya lo hablamos la otra mañana: nuevas rutinas, nuevas maneras de enfrentar cada día, cosas que dejar atrás y nuevos hábitos que abrazar. Y la idea de que están ustedes allá, en los pisos más altos... La sorpresa de ver despegar el fantasticar durará unos días, claro, pero todo pasa y acaba haciéndose cotidiano. (Lo de Galactus no, desde luego: hay cosas que siempre, siempre van a suponer un trastorno... Bienvenidas sean.)

Le dejo ahora con los preparativos de esta última noche del año. Espero que la pasen los cuatro en paz, que no haya incursiones alienígenas o llamadas de socorro desde otra dimensión, que no tengan que enfrentar más amenaza subterránea que la de las televisiones retransmitiendo las doce campanadas.

Feliz año 2011 (y hasta muy pronto).

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